Ciudad de México.- Nuevo Diario trae para ti una entrevista exclusiva con Prisca Awiti Alcaraz, seleccionada mexicana en judo categoría -63 kilógramos. La judoca nacida en Londres, Inglaterra, representará a México en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Prisca ha ganado tres medallas representando a México en Juegos Panamericanos, donde consiguió bronce en Santiago 2023, y en Campeonatos Panamericanos de Judo, donde ganó plata en México 2021 y el Calgary 2023.
La atleta mexicana logró su clasificación a París gracias a estar ubicada en la posición número 18 del ránking en la categoría de 63 kilogramos, esto gracias a tener una puntuación de 3,230 unidades, para calificarse a sus segundos Juegos Olímpicos.
El Judo comenzará el próximo 27 de julio, Prisca arrancará su participación el 28 a las 2:00 a.m. tiempo de México.
Ficha Técnica
Nombre: Prisca Guadalupe Awiti Alcaraz Fecha de Nacimiento: 20 de febrero de 1996 Edad: 28 años Lugar de Nacimiento: Londres. Inglaterra
Los calamares son animales marinos del orden de los moluscos que se encuentran distribuidos en todo el mundo. Su nombre deriva del latín cañuela, debido al hueso en forma de ovoide que conserva en su interior.
En Nuevo Diario te presentamos 5 datos curiosos que seguramente no sabías de estos singulares ejemplares.
Son parientes de los pulpos
El calamar es un tipo de molusco cefalópodo, igual que los pulpos. Cefalópodo quiere decir cabeza y pies, porque es casi lo único que son estos animales invertebrados: una cabeza con tentáculos.
Los calamares forman parte de la orden de los téutidos, en la que hay diferentes especies. Todas estas especies, comparten ciertas características básicas: como que tienen 8 tentáculos, pero además dos brazos, que son parecidos a los tentáculos pero más largos.
Existen algunas especies de calamares gigantes, que pueden medir desde 4 hasta 12 metros.
Tienen varios corazones
Un calamar tiene muchos brazos, pero también varios corazones. En realidad tiene un solo corazón principal y dos corazones “auxiliares”.
Estos corazones, que se denominan branquiales son bombas complementarias, que funcionan sobre todo en condiciones anaeróbicas, es decir en las que no hay aire.
Además estos corazones branquiales participan en la producción de hemocianina: la proteína de la sangre que transporta el oxígeno, que es análoga a la hemoglobina humana, pero que contiene cobre, en lugar de hierro.
Son cazadores implacables
Tal vez no pensamos mucho en lo que comen los animales marinos, o pensamos que solo los animales muy grandes son carnívoros, pero en realidad para los hábitos alimenticios no importa el tamaño.
Además, los brazos de los calamares son lo suficientemente fuertes, para atrapar presas grandes.
Tienen un cerebro muy complejo
Un calamar puede ser un animal invertebrado, pero junto con los demás cefalópodos, es uno muy inteligente.
Estos moluscos marinos, tienen los sistemas nerviosos más complejos entre todos los invertebrados del planeta.
Si bien no tiene cráneo, el calamar tiene una cubierta de cartílago que cubre el cerebro, el cual tiene una forma de anillo: en medio del cerebro del calamar atraviesa su esófago.
Han inspirado nuestra imaginación
Un calamar, si bien es un cazador y es muy inteligente, no es un animal peligroso, excepto si es uno muy grande.
Aunque los ataques de calamares gigantes son algo realmente muy raro, su existencia ha cautivado la imaginación de las personas desde hace siglos.
Desde entonces se han contado y escrito historias en las que hacen aparición calamares como animales marinos peligrosos e imponentes. El ejemplo más claro de esto ha quedado plasmado en la famosa novela de Julio Verne: “20,000 leguas de viaje submarino”.
Una noche de luna llena recibí el llamado del Lobo Estepario, vía teléfono móvil. Acordamos vernos en un sitio de la Colonia del Valle, Ciudad de México, para compartir proyectos, comida y vino. Todos coincidían en el horizonte de la ciencia, la tecnología, cultura ambiental y una sobredosis de mitología mesoamericana. Decidimos asociarnos y remar en las aguas turbias de la negociación de proyectos independientes.
El antecedente era nuestra participación en una producción audiovisual malhadada, desde su dirección, concepción intelectual, negociación y rodaje. A partir de aquella experiencia desastrosa, en la que a ambos nos contrataron como proveedores, trazamos la ruta.
A Rodolfo Juárez (Ciudad de México, 1979) le estoy agradecido por el aprendizaje, ímpetu combativo e irreverente en pos de la experimentación y trabajo de calidad. Siempre espera que uno dé el plus; a su lado, el secreto es arriesgar el paso adelante y siempre te recibirá con un buen mezcal, incluso de desayuno.
Le distingue un humor ácido más una personalidad atípica; más que un director hípster encargado de asuntos culturales o científicos, podría pasar como baterista o bajista de peso de una banda grunge. Actualmente radica en la ciudad de Mérida, con sus dos hijas, Hási e Iyari, y su esposa Michelle.
“Estudié Ingeniería en Sistemas Computacionales, en la UNITEC. Desde hace ya un par de décadas me dedico a la divulgación científica, a la que llegué de manera fortuita. Tenía una banda de música de heavy metal; esa música, en especial, es complicada de producir, de controlar en estudio de grabación; entonces me apliqué a la ingeniería de audio. En aquel entonces todavía no operaban los home studios, tenías que depender de un estudio de grabación para hacerte un demo que sonara decente. De ahí empecé a interesarme en las plataformas de hardware. Mis papás siempre fueron muy cinéfilos, pero en mi mente no estaba el radar de lo audiovisual. Sucedió que un amigo me invitó para montar el diseño de sonido de una serie de televisión. Me preguntaron: `¿Sabes usar este software?´; `Claro, llevo cinco años haciéndolo a diario´. Entonces para mí fue una revelación: a partir de una imagen tenía que sincronizar todos los efectos y limpiar los diálogos”.
“Todo es trabajo en equipo en el medio audiovisual. Al margen de tu especialidad y si estás al frente de una producción, tienes que buscar gente experimentada en distintas áreas. Lo ideal es que te juntes con personas sobresalientes, en cada especialidad y afines al tema por abordar. Si quieres realizar algo sobresaliente, esto último es importante”.
Rodolfo Juárez
La aventura que muchos anhelan, le llegó en bonanza al entonces joven Rodolfo Juárez. No sólo definió su proyección profesional, también marcó un destino de vida del que es congruente.
“Mi segundo trabajo fue para el cine. Los directores que me contrataron sabían lo que buscaban, pero no tenían la parte técnica. Empezamos a hacer una buena mancuerna. Nos volvimos amigos. Luego sucedió que otro camarada, quien residía en Cancún, me buscó para suplir a un sonidista que venía de Finlandia; este último se enfermó y debía trabajar para una serie de televisión del History Channel. La productora era extranjera y querían un talento local dispuesto para involucrarse en cinco días de rodaje. Después llegaría el titular y a volar. Acepté y así conocí al crew del History Channel, en Cancún. Me ofrecieron poco dinero; ya en plena acción, el director me dijo: `te debí ofrecer el doble´. Le contesté que lo hubiese hecho por la mitad con tal de viajar a esos sitios. Al final, hice toda la serie. Durante seis meses, registramos la ruta maya a lo largo de catorce mil kilómetros: Guatemala, Honduras, México y Salvador. Me hice amigo de ese equipo, porque son viajes que te hermanan. A partir de ahí, el productor me jaló para otros proyectos. Esos años fortalecieron mi currículum —History Channel, Nath Geo y Discovery—. No tenía hijos, podía viajar y aprender”.
Entonces el Lobo Estepario aprendió a cazar en manada.
“Todo es trabajo en equipo en el medio audiovisual. Al margen de tu especialidad y si estás al frente de una producción, tienes que buscar gente experimentada en distintas áreas. Lo ideal es que te juntes con personas sobresalientes, en cada especialidad y afines al tema por abordar. Si quieres realizar algo sobresaliente, esto último es importante”.
Durante la década de los noventa, estas firmas extranjeras conservaban un perfil enfocado hacia el conocimiento y la educación; tal inclinación temática cambio, aunque bajo la misma operatividad de equipo.
“En el audiovisual hay muchas ramas, equipos de ficción, publicidad, reality show, noticias, enfoque corporativo, entre otras. En el caso del documental, se consideran núcleos de trabajo de campo reducidos, en los que tienes que diversificar tus habilidades; asumir el rol de una navaja suiza. Empecé a producir; también a hacerla de fixer, es decir, un productor local a quien confían y terminan por delegar la responsabilidad. Me confiaron proyectos al grado de que ellos preferían no viajar. Todo se resumía en un disco duro que incluía la información que ellos necesitaban para editar. Estas productoras empezaron a inclinarse hacia los reality shows de celebridades, temas alienígenas y de restauración de coches, así y más, cada vez más distantes de la ciencia, historia, innovación, historia y tecnología. Por otra parte, cuando veía el producto terminado, editado fuera de México, me preguntaba por qué lo más interesante –para mí– se había omitido del corte final”.
La lógica para un talento con ambición de crecimiento, era operar y sin chistar en la línea trazada por sus clientes. El asunto es que el espíritu heavy metalero de Rodolfo Juárez se reveló.
“Empecé por dimensionar proyectos propios en los que pudiera retribuir a la comunidad de investigadores que empezaba a conocer. Esta vez me asocié con documentalistas nacionales, que andaban en una búsqueda parecida. Con Concordia Mundo, logramos proyectos para el Conacyt, la Secretaría de Cultura, la Secretaría de Ciencia, el Foro Consultivo, Canal ONCE, Canal 22, Canal 40, Canal 14, Curiosity Stream, Claro Video. Nuestra mirada era experimentar, fusionar la parte académica dura con el lenguaje audiovisual. Todo con la responsabilidad de ofrecer altos valores de producción”.
Aplicado en el diseño de mapas mentales que dimensionan de manera coercitiva cada proyecto —desde su diseño, preproducción, producción, postproducción y distribución—, insertó un manejo del conocimiento científico a partir del arte, como eje rector y distintivo.
“La interfaz entre arte, ciencia y cultura está mucho más cerca de lo que uno piensa. Hay un común denominador que es la creatividad y el ingenio. Ambas implican un proceso de trabajo constante y equivocación, ensayo y error, ensayo y acierto, hasta afinar el método o estilo y lograr el resultado o producto. La ciencia se define por su método y no por su tema; igual la cuestión audiovisual, se define por su lenguaje, no importa el tópico. Adoptas una metodología, desechas lo que no te sirve y te la apropias. Nuestro reto era conseguir recursos para lograr una producción con la calidad y manejo de información que resultara atractiva para un espectador, ajeno a las temáticas de ciencia. Empezamos a sondear convocatorias que operaban mediante incentivos fiscales, en aquel entonces el Conacyt, por ejemplo, era más accesible para nuestro sector. Perseveramos con proyectos cuyo eje era el manejo de temas científicos a partir de otra óptica o desde una metáfora, con un sello propio. Comenzamos a recibir comentarios y esto nos animó a explorar la producción para planetarios, televisión, realidad virtual, realidad aumentada, animación 2D y 3D, Video Mapping, fotogrametría y más. Esto sigue en marcha”.
Un proyecto bien planteado es un detonador para lograr su posible patrocinio. Esta línea tiene sus bemoles cuando se trata de una producción audiovisual, enrutada a ciencia o cultura ambiental.
“El financiamiento de la divulgación o difusión cultural es complicado a nivel de empresa. Cuando se establece una campaña publicitaria o incluso televisiva, se establecen recursos de inicio; en el caso de la divulgación, va a la zaga de un proceso que ofrece resultados a su gremio, mismo que no considera partida alguna para su producción. Digamos que nosotros llegamos tarde a la fiesta, sin invitación, comida y mucho menos regalo. El recurso o estímulo debemos fondearlo por aparte. Incluso convencer a los mismos investigadores involucrados. Esto se complica si uno es productor independiente. Te lanzas del avión y debes confeccionar tu paracaídas, en pleno descenso. Hoy día es difícil concretar un proyecto de este tipo y mantener a tu familia. Es más fácil vender publicidad de agua azucarada. Triste pero cierto”.
Cuando el ciclo se cumple y el financiamiento permite la ejecución de la idea, viene una serie de circunstancias que llegan a escapar del mapa mental de quien dirige.
“Los proyectos más difíciles a los que me he enfrentado son Ponzoña y Monte Tláloc; de este último la altura fue condición a superar; el sitio se encuentra a 4200 metros de altura, con un nivel de oxígeno mucho menor a cuando uno se encuentra a nivel del mar. Esto repercute tanto en tu rendimiento como concentración, incluso en la química del sistema sanguíneo. También merma el rendimiento de tu equipo. Para estos proyectos se tenía que contar con un talento que estuviera mental y físicamente a tono, dispuesto para acampar y cargar sus propios suministros. En el caso de Ponzoña viajamos con los alacranes hasta las Dunas de Yeso, en Coahuila, y no todos querían meter la mano”.
En particular, el rodaje de Ponzoña planteaba situaciones de riesgo, como grabar fuera del laboratorio con especies de picadura mortal.
“Con la ayuda de biólogos calificados, conseguimos especies que pudiéramos grabar en locaciones foráneas. Teníamos muchas variables a considerar; dado que son portadoras de veneno, requerían un manejo especializado y contar con el anti veneno adecuado; también aplicamos todos los permisos de rigor para trasladarnos a un ambiente que no era el suyo. El proyecto llegó hasta la realidad virtual, con el fundamento de dimensionar el dato duro desde la metáfora poética”.
En cuanto al registro de especies, cada una demanda trato preferente.
“Me he enfrentado a retos que me impone el hábitat, por ejemplo: cuando tengo que fotografiar un pez del tamaño de un charal, en una cueva oscura, lo que me permitirá imágenes bastante comunes, además de poner en riesgo las especies del entorno, he optado por su traslado a un espacio controlado. Se logran mejores resultados y quedamos a mano si se le reintegra a su sitio de origen. En este sentido estamos ficcionando la realidad”.
Al margen del incentivo económico con el reconocimiento de un gremio, nacional e internacional, la labor documental que lleva a cabo Rodolfo Juárez tiene el premio del viaje constante.
“He trabajado en diversos proyectos a campo abierto, cada uno con su grado de complejidad –con el Lobo Mexicano, el Cóndor de California y el Berrendo Peninsular, además de filmar arañas, jaguar, murciélago, serpiente, en fin—. Ninguno fue día de picnic. Agradezco la oportunidad de grabar a estas especies que se encuentran en peligro de extinción —algunas satanizadas—, por todo el país. Como el buen auto marginado que soy, siempre he admirado a los animales denigrados; es decir, aquellos que están sentenciados por agrestes. Trato de dedicarles una pieza, cada vez que encuentro el pretexto”.
Así como el alacrán demanda un manejo especializado, el llamado dato duro merece atención prioritaria en el terreno del registro audiovisual.
“En cuanto al manejo del dato duro, me parece que lo importante es que éste te lleve a una reflexión. No me gustan los proyectos que son simplemente expositivos, obviamente hay que darle al científico su voz, pero la labor del documentalista es apropiarse del conocimiento para crear una interconexión con la gente. Una cifra puede ser impresionante, pero si no logras transmitirla o comunicarla dentro de una narrativa, puede quedar en letra muerta”.
Una vía común para el manejo del dato duro, es colocarlo en voz de los investigadores, sin importar que el mensaje quede saturado de contenidos. Existen otras alternativas.
“De manera responsable hay que citar las fuentes y añadirlas donde les corresponde. Recomiendo la transcripción cabal de cada entrevista, y mantenerlas como resguardo en un archivo documental. En tu pieza, como suele ser, a la voz del científico ya le metiste edición; entrevistaste veinte minutos y utilizaste dos para tu producto; en este sentido, anexar la entrevista completa a tu proyecto y colgarla en la Red, es una vía responsable con quienes te confían su información; también generas contenido de valor para los espectadores”.
El reportaje es un formato preferente para el periodismo científico, pero las propias plataformas de comunicación abren vasos comunicantes que rebasan la convención.
“Siempre he tenido un problema con los puristas que esperan un mensaje en un formato predeterminado. Las fronteras están ahí para cruzarlas o borrarlas. Si realizo una pieza que no sea por encargo, trato de pensar en lo que a mí me gustaría como audiencia; si quisiera algo académico ni siquiera pensaría en un reportaje, me iría directamente a un paper. Cada vez se amplían las plataformas de comunicación y se expanden los límites: puede ser una imagen, entrevista, obra de teatro, radio, una pieza cinematográfica o un podcast. Lo importante para mí es que deje un mensaje, que incluya un subtexto que puedas identificar y refleje algo tuyo”.
De igual forma, la tecnología ha renovado el concepto y dimensión del laboratorio.
“El conocimiento no se adquiere sólo en el laboratorio; sucede en las cuevas, el mar, el desierto, los volcanes, las montañas, en cualquier lado. El laboratorio no sólo tiene que ser un lugar cerrado, ya está en los móviles. Recuerdo cuando a una genetista le pedí que me mostrara su sitio de trabajo; se río y me dijo `lo estás viendo, mi laboratorio es mi laptop´. Y así es, ese era su laboratorio. Ahora, la verdad es que los laboratorios suelen ser lugares poco atractivos visualmente; entonces el reto es buscar una óptica diferente y pensar que vas a contar su historia en imágenes y sonidos”.
De acuerdo a la visión de Rodolfo Juárez, tampoco se trata de un asunto de mera pirotecnia tecnológica.
“Ahora, independiente de un espacio abierto o laboratorio, el conocimiento tiene que ver con una búsqueda personal; normalmente esta se despierta mediante una experiencia emocionante, es decir, muchos investigadores se enamoran de su especialidad desde que son niños, a través de algo que los motivó mucho y que termina virando a una búsqueda, una perseverancia por el conocimiento. Nosotros los exploradores visuales, somos una especie de detectives y rastreamos cómo contar y por qué medio para que la gente lo entienda. Nuestras herramientas son la escritura, la fotografía, la imaginación. Detrás de un proyecto, siempre tengo la necesidad de una respuesta a un cuestionamiento que me he hecho durante tiempo, a veces es un periodo corto o proviene de algo que desde niño tenía ganas de abordar, o inquietudes de mis hijas pequeñas. Procuro mantener la mente abierta ante las posibilidades que van surgiendo”.
El gran reto es cómo mantener el interés por la historia, congruente con el tema planteado y sin perder de vista el objetivo.
“El contenido académico no deja de ser serio porque lo ilustres de la forma más atractiva posible. En mi caso estoy muy pegado a la experimentación. Si recreas el microcosmos de los genes dibujando sobre un limbo negro en realidad virtual, alguien purista te podría decir que en esa escala no hay color. Es una licencia que uno decide aplicar en términos de la analogía visual, una interpretación a partir de la información objetiva. Aún en la experimentación se va definiendo un estilo. Puedes contar la historia del universo, a partir de una gota de aceite en agua; exponer una nebulosa, con las acuarelas de tus hijas. Una toma fotográfica, por ejemplo, no se trata de hacerla más bonita, espectacular o minimalista, el punto es cómo lograr que se vea, escuche interesante y quede en la mente del espectador”.
Así como comparte los proyectos que considera íntegros con su postura como autor, no duda en aquellos que lamenta por su quiebre metodológico.
“En un proyecto reciente me alquilé como realizador, pero no tenía voz ni voto en la producción. Valoro mucho la experiencia, pero quiero construir narrativas visuales íntegras. En los proyectos siempre estás limitado por el tiempo y el dinero, como para que además te acorralen con visiones anquilosadas”.
Ante este nivel de autoexigencia, consciente de que no todo el talento dedicado a la producción audiovisual anda por ese sendero, Rodolfo Juárez se vale del diálogo.
“Tengo la consigna de buscar aquellos productores afines a esta visión: si se va a apostar, hacerlo sin la censura de un cliente miedoso. Procuro ser abierto y receptivo al trabajar en conjunto, listo para la conversación. No busco operadores, prefiero colegas que aporten, aunque no se trate del terreno de su especialidad. También aplico la improvisación, ya en pleno rodaje; si sucede y el equipo está involucrado, trato de fundamentarlo y que no quede como simple capricho. Cuando me involucro en un proyecto, no dejo de investigarlo; además, he aprendido a hacerle caso a mi intuición; por más que te apliques al estudio, siempre hay algo que viene del inconsciente y suma; muchas veces ni tu mismo lo entiendes, por ejemplo: hay tomas que haces y no les encuentras sentido, hasta que estás en la sala de edición. Es como si tu otro yo te hubiese allanado el camino; ese otro yo te limpia la maleza. Por eso hay que confiar en uno mismo. El punto es lograr la mayor cercanía con la recreación y la reconstrucción hipotética de los procesos, a los cuales te estás refiriendo. En este sentido, entiendo a la ficción y la defiendo”.
En su historial, cuenta con una lista ya larga de galardones como el Premio Nacional de Periodismo Científico, que otorga el Conacyt, en dos emisiones (logro que pocos se pueden dar el lujo de ostentar). El detalle es que ninguno está en una vitrina u ocupan espacio en las paredes de su oficina o casa.
“Me asumo como un curioso profesional. No me considero divulgador científico; también me cuesta identificarme como director, documentalista, fotógrafo o ingeniero. Tampoco espero la validación de los llamados pares de cualquier gremio. Me parece que la divulgación científica, y más el periodismo científico oficial y purista, es arrogante. La tecnología aplicada a los medios de comunicación, es exponencial en formatos inusitados. Esto no para. Entonces, ¿por qué limitarse a una sola forma para divulgar los contenidos? El tiempo decidirá la validez de mi trabajo”.
Trotador incansable con la cámara al hombro, por desierto, montaña y selva, estos son los nuevos proyectos que ocupan el ánimo de este rebelde con causa.
“Estoy realizando una novela gráfica, Señoríos, trata sobre el mito creacional mesoamericano del Quinto sol. En ese orden traigo un Bestiario ilustrado y metafórico sobre los seres del Xibalba. Otro proyecto toma de pretexto la cocina ancestral para documentar unos retratos antropológicos, de distintas partes del país. Siguen una pieza audiovisual multi pantalla para un museo regional, un cortometraje sobre pintura rupestre del norte de México y su relación con los enteógenos, así como un ensayo sobre la explotación de determinados recursos de la península Yucatán, muy en el tema de la desigualdad social y la contaminación de los acuíferos. En este último punto, quiero generar conciencia de conservación ambiental a partir de la fotografía infrarroja. Hay que exponer de muchas formas, en algo resonará.”
Sigue el camino del Lobo Estepario. Aquí tienes sus huellas:
Ante la amenaza que representa el cambio climático para los arrecifes de coral en todo el mundo, en julio de 2023 un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM) emprendió una expedición a Cayo Arenas en Campeche México, con el objetivo de estudiar a estos delicados ecosistemas implementando nuevas tecnologías que les permitirán identificar con mayor precisión los factores que están contribuyendo a su desaparición.
Esta exploración fue documentada por nuestro colaborador Oliver Velázquez Quijano, quien participó como director y productor de este interesante documental, aquí te lo presentamos.
EL DATO
Actualmente científicos expertos en arrecifes de coral de todo el mundo coinciden en que el medio marino en general y los arrecifes de coral en particular se están viendo afectados negativamente por el cambio climático, pues la velocidad del cambio de las condiciones climáticas es potencialmente superior a la capacidad que tienen los arrecifes de coral para adaptarse y recuperarse.
Ballena jorobada en Bahía de Banderas entre los estados de Jalisco y Nayarit, México. Fotos por Emiliano Arroyo
por Elí Santos
Cada tercer domingo de febrero se celebra el Día Mundial de las Ballenas, cuya finalidad es concienciar a la población acerca del valor ecológico de estas especies para el planeta. Este día se creó en el año 1980 en Maui (Hawai), gracias a la iniciativa de Greg Kauffman, fundador de Pacific Whale Foundation, con la finalidad de generar conciencia acerca de la amenaza de extinción que afrontan las ballenas jorobadas.
Son considerados los mamíferos más grandes del planeta.
La densa capa de grasa que rodea su cuerpo les permite habitar en regiones frías y templadas.
Las ballenas utilizan un orificio en la parte superior de la cabeza para respirar, denominado espiráculo.
En lo concerniente a su anatomía, el cráneo ocupa un tercio de la longitud de su cuerpo, posee una aleta dorsal y dos aletas pectorales que le proporcionan movimiento y equilibrio, así como una cola en posición horizontal.
México es un país privilegiado. En sus mares es posible observar ocho de las 14 especies de ballenas que se han descrito en el planeta: la ballena azul, la ballena de aleta, la ballena de Bryde, la ballena Sei, la ballena minke, la ballena jorobada, la ballena gris y la ballena franca del Pacífico norte.
La observación de ballenas es una actividad de gran importancia económica para los estados con avistamiento de ballenas. México fue uno de los primeros en regular la observación turística de ballenas, y junto con otros cetáceos, están incluidas en la NOM-131-SEMARNAT-2010, que establece los lineamientos y especificaciones para su observación responsable.
Fechas y lugares para ver ballenas en México
La actividad de observación de ballenas se podrá llevar a cabo en zonas restringidas de ocho Estados, del 15 de diciembre de 2023 hasta mediados de mayo de 2024, dependiendo de cada sitio. En esta temporada, las rutas de migración de las ballenas permiten su observación en los Estados de Baja California, Baja California Sur, Nayarit, Jalisco, Sinaloa, Sonora, Oaxaca y Guerrero, según un aviso del Diario Oficial de la Federación (DOF).
Baja California. En la bahía de Todos Santos, Bahía de Salsipuedes y en la parte sur de Punta Banda, del 15 de diciembre al 15 de mayo.
Baja California Sur. En la reserva de la biosfera el Vizcaíno y en el área de protección de flora y fauna de Cabo San Lucas del 15 de diciembre al 30 de abril. Además, en los puertos Cancún, Adolfo López Mateos, San Carlos, Magdalena, Chale y el Parque Nacional Bahía de Loreto, del 1 de enero al 30 de abril de 2024.
Nayarit. En bahía de Banderas, Compostela y San Blas-Isla Isabel, del 8 de diciembre al 23 de marzo.
Jalisco. En Bahía de Banderas y Bahía de Tenacatita, del 8 de diciembre al 23 de marzo.
Sinaloa. En la zona de Mazatlán-Teacapan del 8 de diciembre al 31 de marzo.
Sonora. En la zona de Puerto Peñasco del 1 de enero al 30 de abril de 2024.
Oaxaca. En las zonas de Puerto Ángel-Mazunte, Puerto Escondido y el Parque Nacional Huatulco, del 15 de diciembre al 21 de marzo.
Guerrero. En playa La Majahua, Ixtapa-Zihuatanejo, Barra de Potosí, La Barrita, bahías de Papanoa, Puerto Vicente Guerrero y en la zona del municipio de Acapulco de Juárez, del 15 de diciembre al 20 de marzo.
En la Ciudad de México, uno de los lugares más emblemáticos de la alcaldía Benito Juárez se trata del Parque Hundido. Esta área verde se convirtió en uno de los parques más relevantes de la capital del país, así como de los habitantes de la Colonia del Valle y de Insurgentes sur, pues se volvió un referente de aquella zona de la CDMX.
Aunque en un inicio no era conocido de tal forma, y tampoco se tenía previsto el diseño arquitectónico que tiene actualmente, el surgimiento del Parque Hundido tiene una historia que se remonta a inicios del siglo XIX cuando las condiciones topográficas del lugar dieron origen a este lugar.
En el año 1608, esa tierra era propiedad de Tomás de Nápoles, un ejidatario que se dedicaba a la agricultura y cuidaba de su rancho que abarcaba las mismas hectáreas en las que se encuentra el Parque Hundido. Con el paso de los años, el apellido del ejidatario fue referente para el nombre de la colonia cercana al parque.
Sin embargo, para principios del siglo XIX sus tierras dejaron de ser ocupadas y las empresas ladrilleras se las adueñaron.
Con el crecimiento de la población en las zonas como en Mixcoac y San Ángel, el uso de este suelo cambió y las empresas privadas se apropiaron de las tierras para la extracción de arcilla y fabricar ladrillos.
Fue la Compañía Ladrillera Nochebuena quien empezó a utilizar este terreno para la fabricación de ladrillos, así que para obtener la materia prima tenía que realizar profundas excavaciones en la tierra. Con el transcurso de los años, el terreno se fue hundiendo, por lo que quedó desnivelado del resto de la zona.
Alrededor de 1917, cuando terminó la Revolución Mexicana, los habitantes de la zona pidieron que se arreglara el hundimiento y sembraron árboles, los cuales fueron creciendo y le dieron un aspecto de bosque.
Así nació el Bosque de la Nochebuena, nombre de la colonia. Para 1930 el parque fue pavimentado y ampliado por la construcción de la avenida de los Insurgentes, así que recibió mayor inversión. Se le nombró como Parque Luis G. Urbina, pero más tarde sería nombrado como Parque Hundido.
Para 1972 se colocaron algunas piezas arquitectónicas de imitaciones de piezas arqueológicas. Fueron distribuidas por diferentes zonas del parque. Además se idearon seis rutas para que los visitantes del parque pudieran explorar en su totalidad la obra arquitectónica que dejó —sin querer— una fábrica de ladrillos.
El parque cuenta, entre otras cosas, con un reloj floral, que es el más grande de México, un museo al aire libre y una área de juegos infantiles. Tiene una extensión aproximada de 100 mil metros cuadrados.
Guadalajara, Jalisco.- En una emotiva ceremonia, el “Chicharito” fue presentado este sábado como nuevo jugador de Chivas para el torneo de México Clausura 2024, el retorno de este gran jugador representa un momento memorable para el club y «el ciclo perfecto», según el presidente del Rebaño, Amaury Vergara, ya que la experiencia adquirida durante su exitosa trayectoria y el liderazgo que le caracterizan se verán reflejados en esta nueva etapa con el equipo rojiblanco.
Al momento de firmar oficialmente el contrato del delantero, el dueño del equipo, acompañado del director deportivo Fernando Hierro, dedicó unas emotivas palabras al jugador, por lo que mencionó: «Estaba pensando qué te quería decir en este momento y es muy simbólico tu regreso, porque simboliza el ciclo perfecto de un jugador cantera de Chivas».
Amaury además recordó la promesa que “Chicharito” le hizo a su padre Jorge Vergara. En su momento, el empresario declaró que esperaba que Hernández Balcázar se retirara con el Rebaño, pero ya consolidado como una leyenda del fútbol mexicano.
«Como le prometiste a mi jefe, que ibas a regresar como leyenda, lo lograste. Felicidades», añadió el hijo del empresario, a quien el delantero agradeció la confianza para sumarse este semestre al equipo comandado por Fernando Gago.
Tras la firma de contrato, “Chicharito” se conmovió hasta las lágrimas y saludó a sus compañeros de equipo, a jugadores de Tapatío en la Liga de Expansión, así como a leyendas del Rebaño Sagrado.
El perfil de Javier Hernández:
– Es centro delantero.
– Tiene 35 años de edad y nació en Guadalajara, Jalisco.
– Es el máximo anotador en la historia de la Selección Mexicana con 52 goles.
– Es formado en la Cantera Rojiblanca.
– Marcó 127 goles en Europa.
¿Cuál es su trayectoria?
– Javier debutó en Chivas en el 2006 y desde entonces se supo que tenía algo especial, pues en su presentación como profesional le marcó un golazo al Necaxa.
– Se fue vendido al Manchester United, donde jugó varios años y fue Campeón de Premier League. También jugó una final de Champions.
– Tras su paso por Inglaterra, Hernández llegó al Real Madrid, con el que fue Campeón del Mundial de Clubes.
– Tras su etapa como merengue, se marchó a la Bundesliga para enfilarse con el Bayern Leverkusen, donde marcó varios goles y también se convirtió en figura.
– Su última etapa en Europa la vivió con el West Ham y el Sevilla. Incluso fue parte del plantel sevillano que ganó la Europa League del 2020.
– Su último equipo fue el Galaxy de Los Ángeles de la MLS.
Los números de Javier Hernández
– 617 partidos jugados
– 258 goles (11 en Liga de Ascenso)
– 29 goles con Chivas (3 de ellos en Copa Libertadores)
– Campeón de Liga MX en 2006
– 2 títulos de Premier League (2010-2011 y 2012-2013)
Este lunes 15 de enero se estrena la segunda temporada de la serie «México biocultural» por XEIPN TV Canal Once, donde Oliver Velazquez Quijano nuestro colaborador participó realizando la fotografía submarina.
No te pierdas este interesante capítulo sobre el parque nacional Islas Marietas e Isla Isabel.
Aprecié la pieza Juno (México, 2017) como jurado de una muestra de materiales audiovisuales de la que fui miembro fundador. De inmediato llamó mi atención la factura de este corto sonoro (04:30 min.), cuya narración establecía un puente experimental entre imágenes disruptivas y sonidos fuera de toda convención. Su creadora y artista, Dianela Torres (Ciudad de México, 1991), había tomado la osadía de eliminar voces explicativas y/o narrativas. En su momento, Juno propició mi reflexión sobre lo que se espera o demanda en cuanto a una producción audiovisual sobre temáticas enfocadas a ciencia y tecnología; por supuesto que Juno se inscribía al margen de lo conservador y de las voces de los expertos que dictan el camino a seguir en este terreno; mucho menos se limitaba a ese criterio, vigente, de que la divulgación audiovisual debe construirse bajo los estándares del reportaje y/o documental, únicamente.
Otro detalle que quisiera añadir, Dianela Torres, la causante de tal pillería, era la más joven de los directores/as y productores/as de aquel acervo. También fue la más osada y experimental. El asunto es que debía dar mi dictamen y no dudé en estampar mi voto a favor como la pieza más innovadora del conjunto. Mi sorpresa, que realmente lejos de sorpresa constataba esa postura consecuente con lo convencional como se mide a la producción audiovisual, es que Juno no se había considerado ni siquiera como una pieza para evaluar. Confieso mi vocación cabal por los discursos experimentales en arte, ciencia y cultura. En consecuencia, apelé porque Juno fuera incluida y con el reconocimiento que merecía. Por fortuna Juno caminó. Ahora, a años a la distancia, veo con enorme satisfacción que Dianela Torres ha crecido en su discurso narrativo y su proyección cada vez es más sólida.
Esta cineasta, artista audiovisual e investigadora, egresada de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, FCPyS, Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, nos reserva sitio en su espacio de apertura.
“Soy productora y realizadora independiente. También me dedico a la docencia, investigación y experimentación audiovisual. Fui profesora adjunta en la UNAM y ahora doy clases en la Universidad de Tijuana, CUT. Cubrí prácticas profesionales en el Festival Internacional de Cine UNAM, 2016, y he colaborado en Diario FICUNAM. Recién trabajé en una propuesta cinematográfica muy especial para `Muestra Mínima: Palomas o un árbol en otoño´, Texcoco, 2023; también en un proyecto de investigación teórica del Seminario de Estudios Audiovisuales Transdisciplinarios de la FCPyS-UNAM. En el 2022 iniciamos el Cineclub Revolución en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas UNAM.
Desde 2013, he hecho varios cortometrajes y piezas audiovisuales, con proyección y selección en diversos festivales nacionales e internacionales de cine y video. Adicionalmente he tomado cursos, seminarios y talleres en la Filmoteca de la UNAM, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC, la Cineteca Nacional, Cinefilias, el Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes, CENART, con el Laboratorio Experimental de Cine, LEC, entre otros. También fui parte de la Tercera Edición de `Salón Abierto: Tecnología Unidad Colectiva´, donde colaboré en una pieza colectiva hecha con leds, Telepressence, México, 2016. Me considero cinéfila y adicta a la cultura audiovisual, soy una espectadora constante. He hecho audiovisuales para diferentes medios, instituciones y empresas; por mi cuenta, me he encargado de realizar piezas audiovisuales con fines expresivos”.
Con Maestría en Cine Documental, en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas UNAM, a Dianela Torres el interés por la ciencia también le viene por la cultura cinematográfica.
“Siempre me ha interesado ver al cine y al audiovisual como un espacio de reflexión, donde se va construyendo el conocimiento. Considero que, a partir de conceptos de distintas disciplinas, se pueden entender muchas maneras para ver al mundo, desde la ciencia hasta la filosofía, y pienso en discursos científicos que vale la pena considerar desde la mirada audiovisual, en relación con el arte”.
Fuera de la fórmula para generar una narrativa audiovisual con temas científicos, Dianela Torres está consciente de los escenarios —convencional y no convencional—, así como las implicaciones que conlleva su transgresión.
“Creo que el reto principal es que se tome en serio al trabajo no-narrativo o no-convencional, ya que estamos acostumbrados a determinada manera de divulgar o difundir la ciencia. Así como hay distintas maneras de ver al cine, también hay formas diversas de acercamiento. El vínculo entre arte y ciencia existe desde siempre. En el cine se suele decir que éste nace como instrumento científico, pero también puede entenderse como un lienzo en blanco usado por los `pintores de la imagen en movimiento´. Como Godard, quien advierte que los primeros realizadores imitaban a los impresionistas y no a los fotógrafos. Normalmente se acostumbra pensar que los audiovisuales sobre ciencia son aburridos, pero creo que en internet existe una gran cantidad de productos que muestran lo contrario y vinculan bien arte y ciencia”.
“Siempre me ha interesado ver al cine y al audiovisual como un espacio de reflexión, donde se va construyendo el conocimiento. Considero que, a partir de conceptos de distintas disciplinas, se pueden entender muchas maneras para ver al mundo, desde la ciencia hasta la filosofía, y pienso en discursos científicos que vale la pena considerar desde la mirada audiovisual, en relación con el arte”.
Dianela Torres
Desde su perspectiva, la ruptura y cohesión tiene que ver con una naturaleza propia, tanto de la expresión cinematográfica como del impulso natural de las ciencias, es decir, un cuerpo siempre cambiante.
“Me parece que es parecido a lo que pasa con el documental, ya que se trata de un género que se transforma y mezcla con la ficción, donde existe también el cine de no-ficción, el cine-ensayo, el cine experimental y musical donde todo se mezcla, hasta la ciencia-ficción. Los discursos científicos ya han sido interpretados en el arte de distintas maneras; los mismos discursos van cambiando durante determinado momento. Es decir, el conocimiento humano se va transformado, la ciencia evoluciona y cambia, en conjunto, con la sociedad y las expresiones artísticas”.
Narradoras audiovisuales como Milagros Várguez o Dulce García, reconocen la motivación hacia las ciencias que les causó su experiencia con espacios lúdicos, durante su niñez. Esto mismo le sucedió a Dianela Torres en plena etapa formativa.
“Recuerdo que, en un trabajo escolar, hace ya varios años, fuimos a grabar a Universum de la UNAM, me llamó mucho la atención cómo se presentaban y construían algunos audiovisuales para el museo. También recuerdo que, en 2016, tomé una clase sobre cine de vanguardia de los años 20. Ahí supe más sobre el cine científico y cómo se vincula con el cine experimental. Entonces decidí buscar material e investigar más al respecto; me nutrí con fuentes diversas. Comencé a trazar, por mi cuenta, una serie de simulaciones de cómo me imaginaba lo que eran las vistas de cine científico, cuestionando un poco también la construcción de su discurso, en general. Así trabajé con postproducción de imágenes grabadas con cámara digital, pero manipuladas y editadas con fines formales específicos. Mezclaba imágenes científicas `de lo real´ —por ejemplo de la NASA— con ejercicios formales e imaginativos a partir de mi óptica. Así logré acercarme a un montaje interesante, en colaboración con el músico Edgar Mondragón, titulado Sincronía, México, 2016”.
Hábil investigadora de los formatos electrónicos, dado que es nativa de la era digital, cohesionó tanto imágenes como archivos enrutados hacia su propio discurso.
“Empiezo a buscar y buscar en los archivos, aquel material que pueda funcionar para un fin específico. Muchas veces son imágenes fijas, la mayoría, entonces trato de manipularlas en edición para darles el movimiento, tono y sentido que necesito. También indago el stock libre en la red y que funcione temáticamente. Tanto en el registro como filmación, siempre prevalece un diálogo con mis propias cámaras”.
Juno, proviene del nombre helénico Hera, atribuido a la diosa virgen de la guerra justa y la sabiduría. Se trata de un asteroide de gran magnitud, dentro del sistema planetario solar.
“Me interesan los vínculos intertextuales en general. La ciencia como tal retoma mitos, y viceversa. En el caso de Juno, la inspiración partió de una pieza musical de Édgar Mondragón y, sobre ello, le di mi propia interpretación y visión. En este caso y en lo personal, tenía que ver con sentimientos sobre amor, alegría y pasión. Édgar Mondragón también es productor y amigo de la UNAM. Su trabajo consistía en una obra sonora con material de archivo y sonidos procedentes del universo. Me la compartió y así se volvió un audiovisual musical con el nombre de Juno”.
La estructura implícita en esta pieza contiene una serie de replanteamientos en cuanto al tratamiento lineal que se establece, por convención, en una producción audiovisual, por ejemplo: un elemento que siempre se considera indispensable es el guión. Éste también salió de la órbita trazada por Juno.
“Normalmente parto de ideas, imágenes y momentos. Voy en la marcha audiovisual, por decirlo de una manera, a veces con escaleta o en pleno montaje. El guion como tal es una herramienta que no siempre funciona con mi método de trabajo. Aclaro, sí llego a requerir guiones y hacer uso de ellos, pero no para estas piezas en específico”.
En la monumental e icónica obra, El hombre de la cámara (Rusia, 1929), de Tziga Vertov, se lleva a un grado de excelsitud una narrativa sin voces; siempre he pensado que Vertov trasladó Las novelas de San Petersburgo, de Nicolai Gogol, a esta obra magnánima. Es un ejemplo digno de cátedra de cómo se puede exponer un momento histórico y el avance tecnológico de toda una época, sin discurso verbal. Es el emblema de un cine silente o mudo que logrará estamparse en la memoria cultural del siglo XX. Dianela Torres explotó este potencial que para muchos es cuestión añeja, y poco redituable para la divulgación audiovisual de manera convencional.
“El cine que me interesa es el que se sirve del lenguaje audiovisual, como tal y no por el protagonismo de una voz. En este sentido, me interesa mucho el uso musical y ambiental más que narrar o explicar todo a partir de una Voz en Off (locución). De esa manera, prefiero colaborar con artistas enfocados a la electrónica, como con Enmossed —sello musical de Estados Unidos—. Además, las imágenes que trabajo funcionan mejor en este planteamiento. Me interesa más la forma cinematográfica, la experimentación y la exploración formal, aunque no estoy negada al uso de voces de diálogo o locución. Esto depende del proyecto a seguir”.
La postura planteada no es un mero capricho, obedece a un deseo ex profeso en pos de la apertura de formatos.
“Permite mayor libertad creativa. Me interesa mucho el cine musical y el vínculo que tiene con el cine experimental. El montaje rítmico y musical me motiva, incluso en un sentido similar al de la teoría del montaje de Einsestein, cuyo trabajo me atrajo desde los primeros semestres de la universidad; hasta traté su teoría en mi tesis de Licenciatura, La estrella negra de la audiovisión, UNAM, 2019. Muchos de mis trabajos los veo como ejercicios formales en transformación. Nada es perfecto. En 2019 terminé una película de cuarenta minutos, Mudar de sueños, México, misma que se presentó en la Cineteca Matadero Madrid, España. Acabo de estrenar el corto Monte Tláloc, México, 2023, en diversas sedes: en la Cineteca Nacional como parte de Ambulante y Black Canvas Festival de Cine Contemporáneo, así como en el `Coloquio Internacional de Cine y Filosofía: Entre el Trance y la Deriva´, en La Cueva y el Centro de Cultura Digital. Estos últimos trabajos siguen la misma línea de lo que he trabajado, aunque considero que contienen más solidez formal y están mejor conceptualizados. Van del cine de no-ficción al musical. Así es como lo valoro”.
Volviendo a Juno, estas son algunas de sus líneas de ensamblaje.
“Empezó con mucho material que tenía guardado y quería usar para explorar formas y sensaciones imaginadas de un asteroide; se trazó en conjunto con archivos de la NASA. No todo es apropiación ya que gran parte del material se grabó con una Canon DSLR; otros fragmentos son de celulares “chafas” y de una cámara Go-pro, pero el trabajo principal está en el montaje y la post-producción; la forma y el sentido se dio a partir de los experimentos, por ejemplo: hay imágenes de piel sobrepuesta a la luna. Entonces, se hace una síntesis de diversas fuentes de acuerdo a mi interés. Es el caso de un corto de no ficción con material que registré durante catorce años, con siete cámaras distintas. Se llama 03:16, México, 2016, y está inspirado en el cine-ojo de Vertov —en el sentido de que intenté dejar que el material mismo guiara la verdad y ritmo de la película—. Normalmente busco en mis referentes lo que quiero hacer. Nada lo saco de la nada; tengo muchas influencias siempre presentes. Todo ya está hecho, pero hay maneras de representarlo de manera diferente, resignificar y crear cosas distintas”.
En lo personal, considero que Juno posee una narrativa fuera de canon, disruptiva, que se vale de discursos experimentales del Siglo XX para aplicarlos de una manera renovada. Lo interesante y dado que busqué a Dianela Torres con el pretexto de narrativa audiovisual, es que ella difiere de este último concepto en cuanto a su propio trabajo.
“Busco el plano no-narrativo del audiovisual. Planteo sensaciones, exploraciones formales y la expresión de atmósferas imaginarias. Si existe narrativa, como tal, me parece que es válida la interpretación que se le quiera dar. En cuanto al estilo, éste es una síntesis de mis ejercicios pasados, experiencias y la práctica desde que empecé a realizar audiovisuales. Mucho es lúdico e intuitivo, tanto con la cámara como la edición para generar algo que está ya en mi cabeza, de alguna manera. Sueños, ideas y conceptos, por ejemplo: pienso en Stan Brakhage, pero también en Space Odyssey de Kubrick o simular un viaje a otro tiempo-espacio; también hay inspiración del cine de Apichatpong Weerasethakul”.
Dianiela Torres asume al conocimiento como intrínseco de la creatividad.
“La intuición y la imaginación son elementales para todo proceso de conocimiento y de investigación. Por eso me gusta pensar que también estoy investigando al crear, porque tengo que leer y ver lo que ya existe para poder generar conjeturas o ideas que inspiren lo que hago. Cuando aprecio en pantalla algo que me mueve fuertemente, me queda el deseo de lograrlo con mi trabajo”.
Además del banco generoso de información que la NASA abre libremente, el olfato de Dianela Torres rastrea tanto al cine de antaño como la música electrónica.
“Estoy con Philip Maier y Michel Chion, pero sobre todo con Mary Ellen Bute, Godard, Buñuel, Varda, Einsestein, Vertov, Hito Steyerl, Shirley Clarke, Maya Deren, Teo Hernández, Jodie Mack, James Benning, cineastas experimentales mexicanos actuales que hay muchos como Azucena Losana, Elena Pardo, Marcela Cuevas, Bruno Varela, Pablo Escoto, Colectivo Los Ingrávidos y muchos más. Soy fan de Pearl Jam, Bowie, The Who, música ambiental y electrónica. Hay muchos nombres en mi mente”.
La experimentación de la mano de la creatividad y el conocimiento, es un camino sin punto finito.
“No dejo de explorar y experimentar con los lenguajes audiovisuales. Me inspiro en una tradición de cine experimental, nacional y extranjera, que me parece un mundo sólido (aunque parezca lo contrario) que va de la teoría a la realización. El cine siempre ha sido experimental. En cuanto a mis hábitos, veo mucho cine de todo tipo. Me gusta el cine narrativo, pero sobre todo el no-narrativo. También aprecio cine mexicano, tanto viejo como contemporáneo, no sólo experimental. En específico, trato de trabajar con conceptos que puedan inspirarse desde cosas personales, sensaciones, emociones y momentos específicos de mi vida, hasta libros, exposiciones, películas y clases. Escuchar música es clave en mi ejercicio”.
Actualmente, el trabajo de Dianela Torres tiene reconocimiento y proyección, en América, África, Asia y Europa, gracias a varios festivales y muestras —Ann Arbor Film Festival, MATADAC, L’Alternativa, LOOP Barcelona, Doc Buenos Aires, Shorts México, Festival ECRÃ Brasil, DOBRA Festival Internacional de Cinema Experimental— así como en universidades, museos y exposiciones de arte contemporáneo —University of Colorado Boulder, Counterpath Denver, Bauhaus-Universität Weimar, Late at Tate Britain, Arebyte Gallery London, Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, Espacio Pla—. Entre 2020 y 2022, recibió varias menciones en la revista Sight & Sound del British Film Institute en su publicación “The best video essays”.
Su proyecto actual es un largometraje de no ficción en proceso, que reflexiona sobre el paisaje interior y exterior en México, particularmente en la CDMX y Texcoco, Estado de México.
Esta amante de los gatos que anda en bicicleta y acumula libros, nos regala su consigna de vida:
“Promuevo que la gente también se anime a explorar y ver otro tipo de proyectos audiovisuales, no necesariamente perfectos o narrativos. Es una satisfacción compartir el trabajo de los cineastas que me interesan, así como mi obra y tener la oportunidad de verla proyectada en una sala de cine”.
Hace ya veinticuatro años, al despunte de una década, un grupo de antropólogos sociales decide caminar con una empresa pionera en México, enfocada a la creación de productos digitales para planetarios. En su momento, cabe decir, poca competencia tenían y siguen teniendo. Hasta la fecha, la producción de piezas audiovisuales para el formato planetario y/o domo de inmersión, es exigua a nivel nacional. Múltiples factores propician este hueco, entre estos: la poca apuesta del sector institucional para darle rentabilidad a un mercado educativo emergente, así como la nula visión empresarial para explotar algo que tiene o goza de gran espectro en otras latitudes del planeta. El pretexto constante y sonante, es que se trata de un tipo de producción que demanda una alta inversión monetaria.
Enrique Fonte, Enrique Rodríguez y Javier Minchaca se dan a la tarea de dar vida a la firma Planetarios Digitales, misma que contra viento y marea más producciones ejemplares, siguen presentes en el escenario de la divulgación científica del país. Con el carácter ameno, directo y franco de Javier Minchaca (Ciudad de México, 1977), abrimos el telón de esta aventura digital.
“Tenía el interés por divulgar nuestra riqueza cultural e histórica, nuestra biodiversidad. Quería hacerlo de una manera entretenida, que a la gente le agradara y despertara su interés por ese tipo de temática. Consideraba a los planetarios como espacios enfocados, esencialmente, para la divulgación científica, donde podía detonarse, precisamente, el interés de una audiencia con contenidos atractivos y, al mismo tiempo, enriquecedores. Entonces valoraba la generación de información local y una disposición propia por la divulgación de nuestro legado como país”.
Con una visión clara de las metas por alcanzar, Javier Minchaca (egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapala) se suma al proyecto digital, cuya labor inicial fue la de proveer servicios especializados, en el contexto de la república mexicana.
“Planetarios Digitales comenzó, primero, con el desarrollo de museografía y equipos interactivos, ambientaciones y textos explicativos. Nos consolidamos como proveedores para levantar un planetario desde cero, así como modernizar instituciones existentes y proyectos itinerantes —un promedio de veintidós instalaciones en el país—. Con el paso del tiempo logramos un domo propio, el Domo Itinerante de Ecosistemas de México, que utilizamos principalmente para divulgar contenidos en eventos como la Noche de las Estrellas; también para escuelas y museos de manera privada. Como parte de esta labor, tenemos nuestras producciones para planetarios”.
“Tenía el interés por divulgar nuestra riqueza cultural e histórica, nuestra biodiversidad. Quería hacerlo de una manera entretenida, que a la gente le agradara y despertara su interés por ese tipo de temática. Consideraba a los planetarios como espacios enfocados, esencialmente, para la divulgación científica, donde podía detonarse, precisamente, el interés de una audiencia con contenidos atractivos y, al mismo tiempo, enriquecedores».
Javier Minchaca
Prevalece una contradicción en el mercado de los planetarios o domo de inmersión digital en México; estos se han incrementado con el tiempo y algunos son espléndidos, pero, de manera contraria, la producción de piezas para planetario, de creación e industria nacional, es mínima. En concreto, este tipo de instalaciones prefieren comprar o rentar producciones del extranjero que generar material propio. Conscientes del terreno que debían andar en el formato de los planetarios, Javier Minchaca y sus colegas se abren camino justo con Puerta al universo.
“Con la modernización y creación de más planetarios en el país, fue evidente para nosotros y nuestros clientes, la necesidad de generar contenido local que proporcionase divulgación de temáticas encaminadas hacia la apropiación social de la ciencia nacional. Entre 2006-2008, con el Planetario Casa de la Ciencia y Cultura Universal Bachilleres de Chiapas, en Tapachula, realizamos la cápsula Puerta al Universo (1ª versión, 2006, 2ª versión, 2008, 14:16 min.), con contenidos de corte local, basados en fotografías y time lapses; esta pieza era adecuada para montarse en planetarios digitales tipo Digistar de Evans & Sutherland. Durante esos años, también realizamos contenidos para el Planetario del Parque Ya´Axná, en Comitán. Posteriormente, con apoyo de una beca que otorgaba el entonces Conacyt, realizamos dos cápsulas cortas (La Luz, más allá del brillo y el color, 2015, 08:31 min; y Los cenotes de Yucatán, puertas a otro mundo, 2015, 07:24 min.); experimentamos en diversas técnicas con la intervención de estudiantes becarios. A su vez, logramos dos producciones sobre los mayas (El Secreto de Calakmul, 2015, 17:24 min; y Los Mayas, planeación cósmica, 2017, 20:14 min.), más una coproducción con el Planetario de Irkutsk, de Siberia, Rusia (De Chicxulub a Tunguska, los grandes eventos de la destrucción cósmica, 2018, 20:51 min)”.
Puerta al universo tiene el valor de haber mostrado, por vez primera, algunos escenarios que integran al estado de Chiapas en formato de domo completo.
“La cápsula muestra con fotografías y time lapse 4K, a domo completo o full dome, algunos sitios emblemáticos como las lagunas de Montebello, así como aspectos culturales de los sitios y su historia a través de edificaciones coloniales y ruinas prehispánicas. A diferencia de lo que sucede en otros medios, como la televisión o la Red, el seguimiento de una transmisión en formato digital es un tanto difícil de cuantificar; en el caso particular de Puerta al Universo, tuve noticia de que se seguía proyectando en el Planetario de Tapachula, y, a decir de los operadores del propio domo, muy al gusto de la audiencia”.
Puerta al universo tardó en gestarse un año aproximado en su producción cabal. El resultado final fue un equilibrio entre el manejo técnico, la narrativa pertinente de los contenidos y la estética audiovisual.
“En términos técnicos, los planetarios constituyen un tipo de instalación pública que conjuga modernidad y complejidad. Sus contenidos demandan imágenes con la más alta resolución posible, por la cantidad de espacio a llenar en un domo y porque treinta de estas –del conjunto total— son literalmente un segundo en el domo; así que se requiere siempre lo último en tecnología de captura, transferencia y almacenamiento para lograrlo. Por otro lado, el oficio de producción documental, aunque cercano, no era nuestro principal esfuerzo de modo alguno. De hecho, nuestras producciones han sido siempre aventuras enriquecedoras que van en conjunto con profesionales muy afamados, en todas sus variantes. En cuanto al respaldo científico, hemos contado con el privilegio de la asesoría de los doctores: Daniel Flores, Jaime Urrutia Fucugachi, Julio Saucedo y Vladimir A. Fialkov”.
Conforme al paso del tiempo, Planetarios Digitales fue especializándose hasta definir cada perfil de su talento involucrado.
“Todavía durante la etapa de producción de Puerta al universo, me encargaba de la mayor parte del trabajo. Ahora funjo como productor y/o guionista. En los proyectos recientes tenemos el apoyo de profesionales en cada fase de preproducción, producción, postproducción y distribución. Por otro lado, cada proyecto tiene tintes muy particulares. Somos muy cuidadosos en las decisiones que van a definir el diseño de arte del modelaje y animación 3D, por ejemplo: en El Secreto de Calakmul, se buscó animación hiperrealista, además de tomas en 4K en áreas de la biodiversidad de la zona; en Los Mayas Planeación Cósmica, se explota la estética del low-poly –misma que a base de polígonos, busca conformar modelos 3D, sin pretender el realismo— y no hay una escena de video que no sea full dome. Finalmente, en De Chicxulub a Tunguska, exploramos más el uso de la filmación subacuática y con drone, así como la ilustración aplicada a domo, en conjunto con animaciones 2D.”
De acuerdo con el perfil que nos plantea Javier Minchaca, cada pieza tiene un perfil de divulgación y estética que debe de ir acorde con el eje de contenido que se va a narrar, de manera visual y auditiva.
“En cada producción hemos querido usar y explotar aspectos diversos para resaltar tanto lo particular como lo heterogéneo. La tecnología avanza a pasos agigantados y en todo. En cuanto a los planetarios, se requiere proyectar en 4K, por lo menos. Esto significa cuadros tipo ojo de pescado de 4096 x 4096 pixeles, a 30 cuadros por segundo. Gracias al avance del video móvil y al creciente interés en la producción audiovisual en 360°, ha habido un boom de dispositivos que muy fácilmente permiten grabar, en 2K, material potencialmente reproducible en un domo digital de manera cuasi inmediata”.
La pieza titulada De Chicxulub a Tunguska, tuvo un tiempo de realización cercano a los dos años. Se filmó en locaciones tanto mexicanas como rusas, incluyendo el puerto de Chicxulub y muchos cenotes a su alrededor, mediante tomas subacuáticas; en Rusía esto último se aplicó en el lago Baikal, Irkutsk, además de registrar el telescopio solar de la misma región. Su narrativa nos muestra la interconexión y fragilidad del mundo que habitamos, a partir de una exploración que se realiza sobre la llegada de dos meteoritos, tanto en Chicxulub, Mérida, como en Tunguska, Siberia.
En esta producción relevante de Planetarios Digitales, intervino un promedio de 40 profesionales, en sus fases diferentes, con la participación destacada de fotógrafos especializados, tanto en full dome como para tomas aéreas y subacuáticas. Mención especial merece el apoyo del Planetario de Irkutsk. De manera cabal, De Chicxulub a Tunguska, es un ejemplo del vínculo que se puede lograr entre conocimiento y creatividad, en pos de la divulgación científica.
“A partir de nuestra capacitación en todo lo que implica la producción de una pieza para full dome, establecemos colaboraciones con especialistas y profesionales de muy diversas áreas, de quienes valoramos ampliamente su talento, por ejemplo: desde científicos multidisciplinarios (arqueólogos, físicos, geólogos e historiadores) hasta directores, fotógrafos, fotógrafos buzos, guionistas, ilustradores y animadores (incluyendo 3D), locutores, modeladores, músicos y pilotos de drone”.
Una clave que nos explica la solvencia de Planetarios Digitales, es su apuesta por el nuevo talento que busca abrirse camino en ese escenario.
“Desde 2014, hemos formado un equipo heterogéneo en la producción de este tipo de formato, entre becarios de varias disciplinas así como colaboradores procedentes de diversas instituciones nacionales, como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Politécnico Nacional, e internacionales que incluyen a muchos profesionales y artistas. El trabajo permanente con los becarios nos permitió que, en el año de 2019, formalizáramos nuestro departamento de producción: Estudios Calakmul”.
Javier Minchaca además de estar entregado a la puerta del universo audiovisual, es un melómano empedernido, muy en la línea de los sonidos experimentales y tecnológicos. Esta veta por el arte tiene su punto de matrimonio con el conocimiento científico.
“Para lograrlo, recurrimos al diálogo; intentamos tender puentes y retroalimentarnos; aglomeramos el trabajo de artistas y científicos, en conjunto y para cada producción. También se nos han acercado artistas con propuestas audiovisuales muy específicas, en busca de explotarlas en el domo y hemos colaborado gustosos para lograr los fines y un producto común”.
Aunque la atención de Javier Minchaca va hacia el público en general, está consciente de que la niñez es preferencial para un espacio de inmersión digital.
“El público en general no asiste mucho a los planetarios, sólo unos cuantos, pero si les preguntas, todos recuerdan haber ido de niños. Eso es lo que busca un planetario, dejar una huella en los asistentes. Si puedes, además, incluir contenido local que logre jalar nuevas audiencias a los domos, de distintos sectores, mucho mejor”.
Con la labor que Javier Minchaca realiza, como protagonista activo de Planetarios Digitales, es cabal su visión sobre el estatus de este tipo de centros para la divulgación científica.
“Los planetarios y domos digitales son espacios poco apoyados en términos generales. No basta con construir un edificio y dotarlo de tecnología, pues su sobrevivencia y rentabilidad es el gran reto. Al tratarse de sitios altamente tecnológicos, requieren mantenimiento y actualizaciones constantes para estar al nivel de lo que la gente espera. En algún momento y de manera ejemplar, el área de Comunicación de la Ciencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología extendió su apoyo para este tipo de producciones; también, gracias al apoyo de algunos clientes y en distintas épocas, hemos podido concretar nuestras producciones”.
Tal y como se indicó al comienzo de esta narrativa, el tema económico es un escollo difícil de salvar para la producción de piezas para planetario.
“Si un niño va a un domo y ve un programa sobre dinosaurios, es difícil que evite la comparación con una entrega de Jurassic Park, Megalodón o con gráficos de la muy poderosa industria de los videojuegos. Entonces va a percibir una diferencia notable. ¿Cuál es el fondo de esto?, pues que los presupuestos para estos ámbitos y los domos son totalmente distantes; con los 170 millones de dólares que costó Jurassic Park, por ejemplo, se podrían hacer cantidad de domos y producciones en México”.
El pequeño gran detalle que expone Javier Minchaca, no tiene manera de refutación: mientras una producción en primer mundo ronda los millones de dólares, una pieza para planetario araña unas pocas unidades de ese total, y ni así es viable o rentable para las instituciones o empresas que podrían apoyarlo. Además, de acuerdo con la línea de exposición que nos confía, la pirotecnia técnica es otro tema a salvar. Difícil pero no imposible para quienes integran Planetarios Digitales.
“De entrada, juntar el presupuesto para una producción es complicado. También entra en juego la disponibilidad del equipo técnico, más la intervención de especialistas que se requieran para cada área. Es decir, un equipo íntegro de producción, que afortunadamente hemos podido armar y canalizar. Consideramos muy importante dotar a las instituciones de la mayor cantidad de contenido local, con la mejor calidad posible, que pueda crear significado, apropiación social y cultural en los espectadores nacionales, que otorgue una mirada distinta de nuestro país a los espectadores internacionales”.
La formación como antropólogo social de Javier Minchaca, se revela cuando aplaude, con enorme satisfacción, el dato de que los contenidos de Planetarios Digitales hayan sido vistos por miles de personas, en el país. A esta firma pionera ya la secundan diversos reconocimientos, tanto nacionales como del extranjero.
“Tanto el Conacyt como la Muestra Nacional de Imágenes Científicas (MUNIC), nos han distinguido en distintas entidades de la república. A nivel internacional sumamos presencia en festivales especializados como el IMERSA en Estados Unidos, el International Fulldome Festival (IFF) realizado en Portugal, el Fulldome Festival Brno en República Checa y el Baikal International Festival of Documentary and Popular-Science Films n.a. Valentin Rasputin, en Rusia. Además, varias de nuestras producciones se exhiben en más de quince domos de África, América y Europa, en países como Argentina, Australia, Bloemfontein, Chile, Estados Unidos, Pakistán, Portugal, Rusia y Sudáfrica”.
Toda esta proyección nacional e internacional, Javier Minchaca la subraya como un servicio social —bastante sustancioso, por cierto—, mismo que es congruente con su misión como divulgador de contenidos científicos y tecnológicos.
“Lo defino básicamente como un `servicio a la comunidad´, ya que nuestras producciones han sido gratuitas al día de hoy. Proyectamos sin costo a todo domo que lo solicite, a nivel nacional. Considero vital poder poblar al país de domos digitales y planetarios (hay alrededor de 70 contra los 400 de Estados Unidos, por poner un ejemplo), pero no es una cuestión de expansión de numeraria; debemos otorgar nuestra visión antropológica de la sociedad en cada una de nuestras producciones y, sumamente vital, darle contenido de calidad a los espectadores”.
Por lo general, un proveedor suele desear que la competencia sea nula o escasa en su mercado de atención. La visión es muy distinta con Planetarios Digitales.
“Nosotros nos consideramos pioneros en el ámbito, sólo un par más de colegas realizan este tipo de producción y esperamos crezca mucho más. Hemos visto trabajos artísticos en los que se muestra entretenimiento y arte con gráficos y música, que son contenidos que gustan mucho, por ejemplo: producciones completamente en 3D sobre arqueoastronomía maya y mexica, con buena aceptación del público. Seguimos adelante con producciones ya sea subacuáticas o aéreas, aplicadas al 3D”.
Con fondo musical de la célebre banda experimental europea Minimal Compact (misma que Javier Minchaca me recordó tras bambalinas de la entrevista), dejo final abierto para una trayectoria que continúa en pos de la naturaleza y el universo, con las posibilidades de vanguardia que nos permite la tecnología de punta. La perspectiva de quien va atento del devenir como cambio constante en pos de la construcción, con El Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon como libro de cabecera, siempre dará motivo a la sorpresa. Enhorabuena.
Abre la puerta del universo del Javier Michaca, aquí tienes sus llaves: