Un expedicionario de la narrativa ambiental, Ricardo Urbano

por Alejandro Alonso
Vivió y aprovechó la migración digital al cien por ciento. Quien estuviera apegado a la escritura de artículos sobre las investigaciones que se realizaban en el Instituto Politécnico Nacional, IPN, hacia mediados de la primera década de este siglo, tuvo el olfato para identificar el área de oportunidad que se abría con las plataformas digitales. Ricardo Urbano (Ciudad de México, 1982), se dio a la tarea de contagiar a sus compañeros y compañeras para trasladar la narrativa impresa hacia el área digital.
Con el paso del tiempo, tal esfuerzo aplicado en la divulgación de contenidos de ciencia y tecnología madura en una serie titulada Expedicionarios, Conversus IPN 2016, con la que obtuvo diversos reconocimientos a nivel nacional e internacional. Del dato frío y objetivo, su talento demostró la calidez del contexto y las historias que hay inmersas en la labor de cada investigador, así como en sus objetos o sujetos de estudio, muy en particular las entrañables tortugas de Sinaloa.

Veamos la historia de este hábil narrador, atento a los documentales de naturaleza y a los filmes de Steven Spielberg.
“Entre como periodista, en el 2006, a la revista Conversus del IPN. Se trata de una publicación de divulgación científica. Al principio escribía notas, después artículos y se amplió mi cobertura hasta llegar a las investigaciones que se realizan en el IPN, a nivel nacional. Después logré desarrollar una sección de infografías; a los cinco años de estancia en Conversus, nos atrajo el impacto que YouTube estaba teniendo en la sociedad. En consecuencia y en complicidad con Rocío Ledesma, Diana May y Nadia Lavanderos, decidimos realizar videos de divulgación científica; es decir, trasladar nuestros artículos a imagen y sonido, con la finalidad de que se divulgaran al público en general. Confieso que siempre me encantó la producción de video. A partir de mi propuesta, la revista se decidió para incluir cápsulas audiovisuales de divulgación…”
Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Licenciatura de Comunicación y Periodismo, con diplomados en el Centro de Capacitación Televisiva, Aprende TV, y en la DW Akademie, Ricardo Urbano dimensionaba la cima de la montaña, pero los senderos para llegar a ella todavía le reservaban sorpresas.
“Empezamos grabando cápsulas de divulgación con los investigadores. Registrábamos las notas con una cámara y un micrófono lavalier. Así produjimos pequeñas piezas. Después nos involucramos en la cobertura de eventos, con entrevistas a los investigadores. Todo esto creció cuando aprovechamos un apoyo que ofrecía en aquel entonces el Conacyt. Con la experiencia que teníamos, logramos concretar una serie documental, Expedicionarios, cuya propuesta era grabar a los investigadores en su trabajo de campo; la labor implicaba investigar, monitorear, levantar muestras, realizar todo el registro en video y, por supuesto, trasladarlo a la sociedad”.

Los medios de comunicación ofrecen perspectivas diferentes para narrar historias. Ricardo Urbano entendió que, de un artículo impreso o digital a un producto en formato audiovisual, existen diferencias y se aventuró a explorarlas.
“Nuestra mente genera escenas con la información que recibimos, el escrito puede dejar una parte en la interpretación del lector; en consecuencia, tiene que ser más específico en las descripciones. Un audiovisual expone las escenas que tu deseas para el público. El escrito llega ser un poco más frio, aunque tengamos una foto del científico entrevistado, desconocemos su voz, su forma de hablar, su seguridad; en el audiovisual lo mostramos tal cual es, lo que genera una mayor cercanía y, por tanto, empatía. Con la revista aprendí que tenía limitantes para exponer el testimonio de los investigadores, sobre su pasión o su motivación para realizar el trabajo. Entonces, con mis colegas estábamos convencidos que, si dábamos voz vía entrevista, podíamos mostrar a cada científico de manera íntegra, más a nuestro favor si lográbamos hacerlo en campo. Queríamos contar sus historias, conocerlos y divulgar tanto sus trabajos como personalidades. Fue nuestra misión clave para realizar la serie documental”.
Este horizonte sensible y apasionado que se deseaba transmitir sobre la identidad de un investigador, quedó sometido bajo la disciplina que conlleva el trabajo de divulgación. En principio, mediante el acopio de datos vía las fuentes confiables de información.

“En mi experiencia, las mejores fuentes sobre contenido de investigación y desarrollo tecnológico son los propios científicos; las personas que están en los centros de estudio, en el campo, los laboratorios, quienes dan una conferencia o publican en una revista de ciencia. Ellos son la base. Lo primero que hago es ubicar al experto o experta, reviso su trabajo y trayectoria, sus descubrimientos, incluso a que medios de comunicación ha atendido. Una vez que logro el contacto personal, planteo mi objetivo. Lo siguiente es muy importante, porque aterrizo el tema con su ayuda; atiendo a sus recomendaciones bibliográficas, páginas electrónicas oficiales, por supuesto, todos los materiales gráficos de su acervo —desde fotografías hasta videos— y que esté dispuesto a compartir”.
Cuando se accede a este nivel de colaboración, el crecimiento es mutuo. Por supuesto, se enriquece el enfoque de la divulgación científica.
“La ciencia cambia todos los días, nuevos descubrimientos, materiales, fórmulas, medicamentos e innovaciones; la ciencia sólo es presente, porque en mi experiencia con los investigadores, lo que se dijo ayer es el antecedente de la ciencia del hoy. Es inagotable”.
Este enlace virtuoso de comunicación entre quien posee el conocimiento y aquel que desea divulgarlo, no podría lograr una cabalidad sin el público receptor.

“Siempre pienso en el público y en lo que podrá retener en su mente. En cuanto al manejo de los llamados datos duros, estos deben ser precisos y sencillos. No se trata de memorizar, sino de entender su impacto, por ejemplo: si tienes una cifra de 251 523 casos de equis enfermedad, lo mejor es decir más de 250 mil enfermos; otro recurso sería tres de cada diez personas padecen equis enfermedad en el mundo, o este año aumentó el doble de enfermos; también subrayar que, si no te previenes, podrías ser tú uno de los posibles enfermos. Cuando hacemos esto, ya no importan los otros 251 522, sino que podrías ser tu mismo; en la audiencia, esto conlleva un nivel de conciencia y retención de la información”.
“En mi experiencia, las mejores fuentes sobre contenido de investigación y desarrollo tecnológico son los propios científicos; las personas que están en los centros de estudio, en el campo, los laboratorios, quienes dan una conferencia o publican en una revista de ciencia. Ellos son la base».
Ricardo Urbano
Sobre la terna de elección de temas viables de producción audiovisual, nos comparte.
“En ese momento estaba y sigue estando en boga, la sustentabilidad de cuidado al medio ambiente, de la vida en su hábitat. Ya habíamos trabajado algunos artículos de animales en peligro de extinción; en algún momento, me enteré por un texto de la liberación de tortugas marinas a cargo de especialistas del IPN. Entonces, dada esa referencia, decidimos aplicarnos sobre las acciones de esta institución en cuanto a protección de vida silvestre. Queríamos abarcar un poco de todo el país; fuimos a Baja California Sur, Mérida, Oaxaca y Sinaloa. Nos basamos en las investigaciones que estaban realizando, específicamente, con animales en peligro de extinción o protegidos en su contexto natural”.

Las historias de acuerdo a La filosofía de la composición, del escritor Edgar Allan Poe, tienen una estructura cíclica cuyo final, en términos de narrativa literaria, recomienda queden abiertos. Una narrativa de divulgación puede replicar esta estructura o tener variantes.
“Primero que nada, considerar las fases de una historia: principio, desarrollo y final. Nunca podemos dejar una historia incompleta, mucho menos desarrollarla sin tener una delimitación del tema. El público tiene que quedarse con la certeza de que vio algo completo. Por otra parte, las historias deben ser interesantes, transmitir emociones al espectador. Las buenas historias no son las que hacen llorar o reír; las buenas historias son las que provocan todas las emociones posibles. También ser inclusivo con historias cercanas al público, de personas reales, del investigador e investigadora, de un caso, de un beneficio y que todo ello permita una empatía o cercanía con el púbico. En cuanto a la extensión de cada historia, corta o larga, esto lo determina una buena narrativa y la información. Lo importante es que fluya de forma natural. Habrá historias que serán contadas en dos minutos, otras que necesitarán treinta minutos; el manejo del tiempo no debe de propiciar, en ningún momento, que la historia se sienta forzada, peor aún que el espectador pierda la atención y deprecie el desenlace”.
La serie Expedicionarios se produjo como un aprendizaje cabal para quienes tenían el propósito de narrar historias de divulgación científica.

“No teníamos experiencia para la producción documental. Con una entrega total y los sentidos bien alerta, nos trasladamos al área donde los investigadores cuidan de las tortugas marinas en espacios de recuperación, algunas de estas sin aleta, en proceso de recuperación; otras ya estaban aptas para volver al mar, lo que nos permitió documentar el momento de su liberación. En Baja California, a bordo de una panga, a mar abierto, los especialistas estudiaban la alimentación y heces de las ballenas; identificaban sus sonidos y cantos con instrumentos adecuados e imersos al agua, dado que las expresiones de las ballenas son diferentes entre sí. Nunca impusimos un criterio de lo que queríamos grabar, a nadie. Eso definió el estilo de la serie; con nuestras cámaras deseábamos ver a los investigadores libres y en acción. Resultó una especie de reality de los investigadores en acción. Así surgieron todas las historias”.
La apertura y respeto por recabar las voces de la comunidad, tanto de investigadores como de los pobladores de la región, expandió la narrativa de una serie que contiene un gran peso emotivo.
“Conocimos y registramos a una investigadora apasionada por la ballena azul (Diane Gendron del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas CICIMAR IPN), en su afán por protegerla y transmitir a los prestadores de servicios turísticos que debían difundir el máximo respeto hacia esta especie. Otra historia que deseo compartir es la de un investigador que confesó su hábito por consumir tortuga marina, desde niño, porque era parte de las tradiciones en Sinaloa, pero cuando vio a una tortuga viva por primera vez, reaccionó diciéndose a sí mismo que no volvería a comer ningún ejemplar. Entonces se volvió en su protector. Este salto de grabar de un laboratorio al campo, nos abrió la conciencia sobre el impacto social que tienen las investigaciones y la narrativa que cada una posee…”

Algunas historias que se retratan en la serie Expedicionarios, cuentan con anécdotas que los mismos investigadores no esperaban, lo que nos permite pensar en la vida intrínseca, intensa y tenaz, que un fenómeno es capaz de desatar.
“Con una pieza de divulgación, suele suceder que se documenta el proceso de intervención, por ejemplo: si una tortuga resultó lesionada en su aleta, a causa de una red. Pero no llegamos al desenlace de la historia. Esto que voy a narrar sucedió en el área de recuperación del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, CIIDIR Unidad Sinaloa. Después de tener en tratamiento de recuperación a una tortuga, entre ocho a nueve meses, los acompañamos al momento de liberación, con nuestras cámaras listas. Resulta que la tortuga, a la que bautizaron como Beto, no quería regresar al mar y volvía hacia los investigadores con los que estuvo conviviendo. Fue algo excepcional y verdaderamente emocionante. Nos hizo reflexionar sobre el impacto que deja esta labor de protección hacia las especies y toda la voluntad que se deposita en ella”.
En su labor permanente como divulgador de ciencia, tecnología y cultura ambiental, Ricardo Urbano sabe bien que no debe abusar de la información destinada para un espectador.
“Mi criterio considera la cantidad de información que poseo, por ejemplo: si es un sólo dato para un video, entre treinta segundos hasta un minuto será suficiente; si son testimoniales hasta tres minutos; si tengo demasiada información sobre un tema y puedo ilustrarlo a través de una o varias historias, lo llevo hasta un documental; si son varios temas relacionados, los divido en episodios vía una serie. Ahora bien, siempre es importante mostrar tu producto a alguien antes de publicarlo: estar atento y respetuoso de si mantuvo su atención, si lo entendió, si no sintió que faltara algo. Esta retroalimentación con el público es muy valiosa para generar un buen producto audiovisual».

La saturación de contenidos adquiere un rango particular ante la oferta que ahora llega a detonar la comunicación en la plataforma digital.
“Cuando un tema se vuelve viral, encontramos miles de productos que hablan de lo mismo, y caen un poco en el juego de la televisión, donde la información va delimitada; además, las versiones son diferentes y más que transmitir un tema claro y preciso, pueden llegar a confundir al público. Por otra parte, cuando vemos un video, las plataformas empiezan a saturarnos de contenidos similares, enrutando nuestro perfil hacia ciertos temas. La saturación de contenidos no informa, confunde y limita”.
Durante el 2020, Ricardo Urbano diseño la página web de Radio IPN, gestionó sus redes sociales, lo que redundó en el crecimiento de este medio. Actualmente colabora en la Coordinación de Imagen Institucional del IPN, en la producción gráfica de la Gaceta Politécnica, el diseño de materiales institucionales y la producción de videos. Dada esta experiencia, nos comparte los matices que aprecia entre los formatos audiovisuales, tipo televisión, y la radio.
“La radio también trasmite emociones, pero el reto es mucho mayor, porque la información sólo es percibida por los oídos; en un audiovisual vemos y escuchamos, es decir, usamos dos sentidos. En ambos casos es muy fácil distraernos. Para la radio, la descripción de escenas debe ir a detalle, con una combinación perfecta entre música, efectos, ritmo, guion y la voz del locutor. Ahora los llamados podcasts han logrado un gran éxito, cuando conjugan de manera acertada estos elementos y su temática es de interés para la audiencia. La televisión requiere mayor atención, no puedes limitarte a escuchar o ver, ambos deben crear una simbiosis que permita la comprensión del mensaje; por supuesto, entra en juego el equilibrio para lograr una integración de todos los elementos en un producto”.

En cuanto a las plataformas digitales, también distingue diferencias a tomar en cuenta para la construcción de un producto con contenido de divulgación.
“Considero que la desventaja de la televisión contra las plataformas es el contenido bajo demanda; en la televisión no hay opción para elegir, está limitada, y va dirigida a todo tipo de público; se consume sin mayor esfuerzo. En las plataformas podemos encontrar lo que buscamos; por lo general, la audiencia que consume productos de las plataformas tiene una libertad de elección, un ejemplo: quien ame a las tortugas, seguro buscará videos afines; por otra parte, existe aquel sector que vio tu video por casualidad. Ante esta oferta ilimitada, la competencia es muy amplia, pero al mismo tiempo el público también lo es”.
Por fortuna las plataformas digitales han ampliado la posibilidad para apreciar producciones de divulgación científica.
“En el caso de Netflix, YouTube e Instagram, me permiten buscar contenidos de mi interés, además de que casi no transmiten comerciales o los puedes evitar. En lo personal, y cuando se trata de acudir a las fuentes, trato de ir a los canales oficiales o que estén respaldados por un medio o una institución acreditada. Ahora podemos encontrar desde videos muy cortos hasta documentales. Los videos breves o shorts de ciencia pueden dejarnos un dato, detonar nuestro interés y llevarnos a la búsqueda de un contenido más profundo. El documental me parece un formato más atractivo, completo, confiable, con un cuidado en el manejo de las imágenes y el tratamiento de una o varias historias potentes; además expone distintos ángulos de un tema, así como testimonios diversos; en el mejor de los casos, genera conciencia, polémica, enojo, es decir, un cúmulo de emociones”.
Volviendo a la serie Expedicionarios y como colofón, su equipo logró el pedestal en diversos premios.

“La califico como una gran experiencia, una satisfacción que me dio la oportunidad de mostrarle al IPN lo que somos capaces de hacer, después de habernos permitido el manejo de su investigación. Con Expedicionarios logramos reconocimiento en la Muestra Internacional de Imágenes Científicas, el Festival Internacional Cervantino, el Festival Pantalla de Cristal con tres nominaciones —Mejor Investigación, Mejor fotografía de naturaleza y Mejor producto de divulgación científica—, primer lugar en el Festival Internacional Incorto, además obtuvimos el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Divulgación Científica 2016”.
Concluyó este acercamiento al trabajo de Ricardo Urbano, con su mirada atenta del arte posmoderno y la arquitectura de Frank Lloyd Wright, con un autorretrato profesional que nos regala:
“Me apasiona la naturaleza, la ciencia, los medios de comunicación y el trabajo en equipo”.
Súmate a la aventura de Expedicionarios de Ricardo Urbano, este es el mapa:
https://youtu.be/W3u15AoNVIQ?si=mtx0YfJOMIh9Lxne
https://youtu.be/hk5NT3GuCsQ?si=JpgNMQT4jqlHFOih
https://youtu.be/zQ7PkM0Kh_4?si=9XaiZlhxQorDIl1p
https://youtu.be/sQzNHEkuf3g?si=GMv7xiHzU9uwXrQx














































